Columna de opinión / Bogotá a la altura
- URBES
- 6 may 2019
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Actualizado: 8 may 2019
El debate referido al desarrollo de Bogotá como ciudad, a menudo toca ciertos temas que son claramente mediáticos, debido a las diferencias políticas contradictorias que apoyan cada bando. La altura de las edificaciones es uno de ellos y de qué manera se debe permitir o no su aparición en el skyline de la ciudad. Sin embargo el concepto de “altura” puede ser subjetivo, por lo que consideraciones como las del arquitecto danés Jan Gehl (a partir de los 5 pisos es considerado alto) pueden ser tomadas en cuenta o no.
Como mencione anteriormente la ciudad parece estar dividida en bandos, el primero defiende la densificación de la capital mediante el desarrollo en altura, compilando estas ideas en el Decreto 562 de 2014; para ponerlo de una manera muy general y casi que conceptual dicho decreto deja la puerta abierta para que la ciudad determine la altura de sus edificios a partir de la normativa particular contenida en los diferentes artículos referidos a 6 elementos (aislamientos, empates, obligaciones urbanísticas, antejardines, retrocesos, provisión del equipamiento comunal privado), sin establecer límites geográficos a dichos desarrollos en altura, por lo que se pueden dar a lo largo y ancho de la ciudad.
Ubicados en lugares aparentemente opuestos tenemos a los ciudadanos y políticos que se alinean para defender el desarrollo en altura ligado a zonas geográficas particulares, determinadas gracias a conceptos como corredores regionales de integración, áreas de la ciudad consolidada, etc. Y cuyo índice de ocupación y de construcción es único según la zona. Lo anterior contenido en el decreto 469 de 2003.
Entendiendo que la discusión en Bogotá no es si vamos a convertirnos en ciudades tan “bajas” como todo lo que no sea un downtown en Estados Unidos o algunas ciudades europeas que por su historicidad aún se mantienen bajas, debemos enfocarnos en problemáticas como que las áreas menos “altas” son las más densas,. Por ejemplo, las localidades de de Kennedy y Ciudad bolívar, más específicamente las UPZ Patio Bonito (501.2 hab/ha) y San Francisco (426.2 hab/ha) ubicadas en el puesto uno y dos en densidad población para 2015 según el “Análisis demográfico y proyecciones poblacionales de Bogotá” de la Alcaldía de Bogotá, lo que genera incluso altos índices de hacinamiento; paradójicamente las más “altas” son las menos densas y en donde se genera el valor agregado. De esta manera la densidad poblacional que hace a Bogotá ocupar uno de los primeros lugares del ranking mundial está distribuida de una manera muy desigual en el territorio de la ciudad. Dejando a un lado por un momento los conceptos y prejuicios sobre la funcionalidad, estética, escala humana, beneficios medioambientales, etc. Sugeridos por más o menos pisos en un edificio, mi invitación en esta columna es a primero establecer acuerdos comunes en las problemáticas de la ciudad y los ciudadanos, con esto no me refiero a la elaboración técnica de un POT y su refrendación en el consejo, con acuerdos comunes me estoy dirigiendo a conocernos como bogotanos, extraña palabra cuando para 2003 el acumulado de emigrantes de la ciudad alcanzó la cifra de 531.560 personas, derivando en múltiples maneras de habitar y entender la ciudad. Lo que permitirá consolidar ideas consensuadas y que el modelo de ciudad sea algo más que un documento meramente normativo y a partir de esto buscar soluciones.
Dicho esto, cabe aclarar que la intención del presente escrito es a manera de reflexión, por lo que sentaré mi postura al respecto en una segunda entrega.
Por: Juan Sebastian Espinosa



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